domingo, 13 de marzo de 2011

Delicia derramada.

(Clickar en Chinese Music II, por favor)

Con avaricia,
el atardecer gana espacio al sol.
Pero sus rayos aún ansían
                             la risa de la flor,
                                         cuyos pétalos,
                                                            al abrirse,
la desnudan sin pudor.
Entonces,
             la brisa ondula caricias
             y a su alrededor baila el sol,
luminoso,
             encendido,
                             derramando
                                           la sal azul del amor.                
Y ella, al sentirse observada,
baja la mirada,                                                                                                 
                 esquiva,
                        ruborizada,
                                      traviesa,
                                               avergonzada,         

http://fotografiadanielalonso.blogspot.com/
                                          sabedora                                      
de que toda la luz de este mundo
se
   esconde                                                                                  
                    entre
                            sus
                                 pétalos
                                           cerrados.
Y, en un susurro azul, promete:
"Mañana, otra vez."
Mientras, el cielo es testigo
de este amor.
Durante la noche, el sol y la flor
sueñan a escondidas
la melodía del ruiseñor.
El cielo azul es su cómplice
protector.




domingo, 27 de febrero de 2011

¡Oh, Jerusalén!


Ven a mí, Jerusalén, envuélveme con tu luz. Te he esperado tanto tiempo. Ciudad soñada. Me acercaré a ti desnuda, sin más ropajes que la fe. Caminaré entre tus gentes, sabiendo que vuelvo a casa. Pero vísteme de ti. Cúbreme de sedas, cíñeme con oros, cálzame con flores. Perfumes, joyas y manjares celebrarán nuestro reencuentro. Abrázame fuerte. Acaríciame. Bésame. Tengo sed. Abre las puertas del palacio de cristal. Deja que la arena del desierto entre. ¡Mmmmmmm! Huelo a tierra caliente. A pan recién hecho. Siento tu aliento acercándose. No, no te pares. Eres todo para mí. No tengo miedo. Mañana no existe. Ayer ya pasó. Ahora estás junto a mí ... La brisa agita las nubes, juguetea con los velos, revuelve mi pelo. Sí. Eres tú. Atrás quedó la angustia. Y el sol gira alrededor nuestro. Su luz cálida llena de color las estancias. Has venido a buscarme. Soy feliz. Es mi hora. Entra por las ventanas el olor de las rosas del jardín, y de los jazmines,.. y de la albahaca... Quema el amor, pero su luz tan blanca me calma. Dulce abandono. El ruiseñor canta. Oigo la música del piano, melodías irisadas. Siento el viento sobre mi piel, aplacando mi llama, tu voz susurrándome al oído: "Ya siempre juntos, hasta la eternidad." ..................................................Dormir. Vivir. Dormir. Vivir. Dormir. Dormir. Dormir. Dormir.........................................................................................................
Jerusalén ha entrado en mí. El tiempo pactado llegó. Cumplió su alianza.


sábado, 26 de febrero de 2011

El adiós.

Mirando hacia atrás sin ira,
hoy puedo recordar
todas las horas que te di,
todos los días que compartí,
todos los años que malgasté
con tu  desprecio.                    
                                                             
Mirando hacia atrás sin ira,
hoy puedo afirmar
que las personas valen por sus silencios,
que tus palabras nunca me ofendieron,
y que fui yo quien me herí.
Me herí al darte mi tiempo.

¡Qué absurdo!                                                                 

Y hoy has muerto.
Hoy has muerto y, contigo,
muere tu desprecio,
tu ingratitud
sin afecto.
Infinito
es demasiado tiempo.
Pero infinito es el amor
y mi silencio.
Horas, días, años.
¿Cuánto amor es eso?
¿Cómo se mide el tiempo?
Yo lloro por la amiga que se ha muerto,
y en el vacío de tu nombre,
mi dolor se hace eterno
..........................................

Nada.
No queda de ti nada.
Ni quedan buenos recuerdos.
Tu herencia es el borrador
de un mal sueño.
Sonata inacabada
de un mal proyecto.
Retrato
que borra el tiempo.



jueves, 20 de enero de 2011

Niños del desierto

El sol se desangra
sobre el palacio de arena.
Rojos anaranjados,
brillantes mostazas,
malvas,
morados
tiñen de sangre el marfil.




Ante el palacio, dos puertas,
dos guardianes,
atentos, alertas
al lamento de los niños
robados al atardecer;
al lamento de las madres,
que saben,
que nunca los volverán a ver.



Ya nadie escucha el estrudendo del enemigo,
ya nadie consuela a las víctimas desgraciadas,
ya nadie siente ningún otro dolor
más que el suyo de hoy,
más que el suyo de mañana.
Y aún así, y porque es así,
volverán a oírse una vez más
las voces de las madres,
los gritos de sus hijos.
Y de ellos sólo quedará mañana,
como sólo queda hoy de ayer,
el rugido del viento
que recuerda en el desierto
el futuro que hubo antes
de que la brisa ondulara
ante los colosos de Memnón.

sábado, 8 de enero de 2011

Versos en blanco.

Escribo y corrijo cada verso.
Pienso y medito cada palabra.
Escucho su melodía, su ritmo.
Verso, palabra, melodía, ritmo.
¿Qué son?
¿Para qué sirven?                        
                                       
Cuentan y ocultan,
revelan y enmascaran
un mundo,
una vida,
una verdad.

Ojos para leer: cegadme con las palabras.
Oídos para escuchar: ensordecedme  con  su melodía.
Bocas para hablar: callad, callad.
Y que alguien guarde mi corazón
en el cofre de cristal
porque yo no existo ya.

sábado, 1 de enero de 2011

Nada.


Cae la noche sobre el cristal.
La luz se ha apagado ya.
Todo es negro, y su profundidad
devora y diluye con fauce animal
el reflejo en el cristal
de la luz de la mañana,
del azul del despertar.
Silencio.
Oscuridad.
No hay nadie.
La vida ha quedado atrás.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Despertar.

Lamento no haber amado.                                              
Lamento el dolor que causé,
los ríos no navegados
que no me atreví a recorrer.

La luz, el brillo,
los rayos.                                    
El frescor, la brisa.
Un temor:                
probar
tu sabor, tu piel, casi hielo,
derritiéndose al acercarse a mi luz.


Todo en calma, sereno temblor,
tierra mansa, caliente. Y tú,
aunque sabes, temes mirar
a la luz que brilla encerrada
en mi cofre, terciopelo azul.


Entra, ven. Quédate.
El azul de las olas oculta
la luminosa hoguera encendida
por tu piel.
Nadie nos podrá ver.
Rómpeme.


Foto procedente de http://www.moveyourmind.es/