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Con avaricia,
Pero sus rayos aún ansían
la risa de la flor,
cuyos pétalos,
al abrirse,
la desnudan sin pudor.
Entonces,
la brisa ondula caricias
y a su alrededor baila el sol,
luminoso,
encendido,
derramando
la sal azul del amor.
Y ella, al sentirse observada,
baja la mirada,
esquiva,
ruborizada,
traviesa,
de que toda la luz de este mundo
se
esconde
entre
sus
pétalos
cerrados.
Y, en un susurro azul, promete:
"Mañana, otra vez."
Mientras, el cielo es testigo
de este amor.
de este amor.
Durante la noche, el sol y la flor
sueñan a escondidas
la melodía del ruiseñor.
El cielo azul es su cómplice
protector.
protector.









