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domingo, 11 de diciembre de 2011

La memoria.

Rodeada por la oscuridad de mi alcoba, una luz marfil rosado ilumina mis sábanas de seda. Al verlas, tus manos se aproximan hasta mi cama, y su sombra avanza sobre mis piernas, asciende a mis muslos, se esconde bajo el satén blanco de mi combinación, serpentea hasta mi pubis. Allí, tus manos y tus dedos se transforman y paran el tiempo. Su sombra flota hasta mi sexo y juega con mis vellos, medusas de mar turquesa enredadas entre tus dedos,  que amasan mis blandas alas al compás de tu deseo, que convierte en coral tus manos y en ramajes tus dedos, y en tus dedos se  posan cimbreantes las sirenas de los cuentos, y penden en sus cabellos mil orquídeas palpitantes exudando su néctar de ensueño; son sus pétalos hojas de hierba quemadas por el fuego de tus dedos, y su néctar, gotas de rocío y sal ardiendo entre mis vellos, caballitos de mar rizados en oleadas rítmicas de viento, gélidas gaviotas desplegando sus alas llameantes en el firmamento, navegando en pleamar sobre mi vientre las coreografías ardientes del ensueño, de la melodía onírica al compás de tu aliento, de mis sábanas húmedas entre tus dedos, de tu sombra derramada sobre mi sexo, expandido ante el incesante alud de mil recuerdos y de la memoria certera de tu deseo.


Sumida en el sueño (Revello de Toro).

viernes, 23 de septiembre de 2011

Agua.

Temblando
cae una gota de agua sobre los pétalos abiertos de la flor.
Se desliza insinuante,
resbalando desde el borde interior de la hoja
hasta chocar envolvente con la base del pistilo,
rodeándolo blanda
                                y cálida,
                                                seductora,
esparciéndose,
                            rellenando sinuosa
                                                              cada hueco
humedeciendo el interior de la flor,
extasiándose en cada poro
hasta absorberse
                             y  fundirse.

Ondulando,
cae una gota de lluvia sobre el borde del pistilo.
Se derrama por su interior suave y fresca,
                                                                    transparente,
                                                                                             voluptuosa,
repasando líquida cada curva,
recreando cada cadera del pistilo
hasta traspasar,
                           ya caliente
                                                  y henchida,
la semilla inquieta sobre el lecho dormido.

Desvaneciéndose,
se dejará caer la flor
tras mil lluvias inútilmente resistidas;
soltará sus pétalos abiertos,
                                            ahora exhaustos y vencidos;
se dejará mecer por el abrazo del viento,
rodará entre suspiros de hierba fresca confundida,
transformada por el fuego del deseo intenso del sol
en otra flor,
en un nuevo fruto,
en más mañanas
perfumadas y encendidas.

Rosas  (Antonio López). 
Foto procedente de http://www.detodaslasartes.wordpress.com/

lunes, 27 de junio de 2011

Mi único camino es tu piel. (Homenaje a Antonio Machado).

Si lo hubiera sabido antes,
te habría dejado lamer
cada hueco en mí.
Si lo hubiera sabido antes,
las yemas de tus dedos habrían fundido
      - sol en primavera -
la fría escarcha del deshielo,
arrastrado
las hojas secas del otoño,
antes ocultas
tras un  cristalino velo
que ahora se deshace,
                                  se derrite,
                                                    se licúa,
transformado en caudaloso deseo
al paso de tus dedos,
         - brasas en invierno.
Si lo hubiera sabido antes,
nada
ni nadie
nos habría podido separar:
habría atravesado cordilleras,
habría navegado ríos y océanos,
habría rastreado  todos los senderos
que la frondosa vegetación esconde en vano.
Y, aún así,
habría sido demasiado tarde,
habría perdido demasiado tiempo.
            Caminante, no hay camino.
            Se hace camino al andar.
Pero hoy me he despertado antes,
hoy me he duchado y me he vestido,
he salido a trabajar y he vuelto a casa.
Y, al entrar, vi tu imagen en el espejo,
vi tu paraguas,
vi tu móvil,
vi tu llavero
y comprendí
que, aunque no todo es perfecto,
hoy por fin vivo en ti,
duermo en ti,
respiro en ti.
           Caminante, no hay camino,
           sino estelas en la mar.
Me sonríes: estás aquí,
y eso me basta                
para continuar.
Me hablas: tu voz
es brisa, es melodía, es calor.
Me acaricas, me abarcas
con tu piel teñida de sol:
me deshaces, blanda y líquida;
me conmueves: tú, sólo para mí;
me calmas: dame más, sigue así.
Rosas, olas, viento,
                              limón, canela y sal.
            Caminante, son tus huellas
             el camino, y nada más..
Y ya no tengo miedo de mirar atrás.
Vértigo.
Espanto.
Crueldad.
Nada de ello ha vuelto a desvelar
el rostro amargo  de mi otra verdad.
Traición
Envidia
Puñal de oscura maldad
        ...y, al volver la vista atrás,
         se ve la senda que nunca
        se ha de volver a pisar.
Río: vivo en ti.
Me desnudas: estoy aquí.
Me empujas: enrédate en mí.
Me susurras: me abro para ti.
Estrenas mi piel, mi cuello, mis pechos,
mi cintura, mis caderas, mis muslos, mis pies
otra vez...
Delimitas,
marcas,
reconoces
tu presencia en mí.
Jadeo,
derramo
pétalos abiertos
que rodean
el sinuoso centro
de mi ser.
Mis muslos, mis caderas, mi cintura,
mis pechos, mi cuello,
mi piel                
estrenas
otra vez...
Y gimes
oleadas de placer.
Te acaricio.
Tu cuerpo
recorro
-aprendo-
de principio a fin.
Mi único camino
son los puntos cardinales de tu piel.


Los versos en cursiva fueron escritos por el poeta español Antonio Machado.


domingo, 13 de marzo de 2011

Delicia derramada.

(Clickar en Chinese Music II, por favor)

Con avaricia,
el atardecer gana espacio al sol.
Pero sus rayos aún ansían
                             la risa de la flor,
                                         cuyos pétalos,
                                                            al abrirse,
la desnudan sin pudor.
Entonces,
             la brisa ondula caricias
             y a su alrededor baila el sol,
luminoso,
             encendido,
                             derramando
                                           la sal azul del amor.                
Y ella, al sentirse observada,
baja la mirada,                                                                                                 
                 esquiva,
                        ruborizada,
                                      traviesa,
                                               avergonzada,         

http://fotografiadanielalonso.blogspot.com/
                                          sabedora                                      
de que toda la luz de este mundo
se
   esconde                                                                                  
                    entre
                            sus
                                 pétalos
                                           cerrados.
Y, en un susurro azul, promete:
"Mañana, otra vez."
Mientras, el cielo es testigo
de este amor.
Durante la noche, el sol y la flor
sueñan a escondidas
la melodía del ruiseñor.
El cielo azul es su cómplice
protector.




jueves, 23 de diciembre de 2010

Despertar.

Lamento no haber amado.                                              
Lamento el dolor que causé,
los ríos no navegados
que no me atreví a recorrer.

La luz, el brillo,
los rayos.                                    
El frescor, la brisa.
Un temor:                
probar
tu sabor, tu piel, casi hielo,
derritiéndose al acercarse a mi luz.


Todo en calma, sereno temblor,
tierra mansa, caliente. Y tú,
aunque sabes, temes mirar
a la luz que brilla encerrada
en mi cofre, terciopelo azul.


Entra, ven. Quédate.
El azul de las olas oculta
la luminosa hoguera encendida
por tu piel.
Nadie nos podrá ver.
Rómpeme.


Foto procedente de http://www.moveyourmind.es/