domingo, 27 de marzo de 2011

Conocerás el amor (I y II)

                                                                                                                    Málaga, 11 Marzo 2011
Yukio Mishima
Querido Yuto,
¿Cómo estás, mi amor? Imagino que tu avión con destino a Berlín llegó ayer, y que te esperaban tus colegas japoneses  para acompañarte al hotel. Nunca creí volver a verte desde la última vez que hablamos, aquel domingo lluvioso y gris, a finales de Mayo, en el café Novelti de Salamanca.  Necesitábamos ultimar los detalles de nuestra traducción conjunta, tú ponías el japonés y el inglés, yo añadía el español y el alemán. Te gustaba aquella cafetería por su aire bohemio e intelectual, y porque "Hacen los mejores capuchinos de Salamanca, mi amor", como tú solías decirme mientras paseábamos bajo los arcos de la plaza mayor. Yo dejé sobre la mesa el libro que estaba leyendo entonces,  El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima, y en la portada se veía la famosa ola azul, con su borde blanco, como una puntilla salina en forma de garra amenazante, decidida a aferrarse a la vida a cualquier costa. Poco podíamos prever entonces que, de nuevo, el  idioma japonés propiciaría nuestro encuentro en la Universidad de Rikkyo, en Tokio, tras 12 años de traducciones constantes que me llevaron por 3 continentes: Europa, América, África. Pero  nunca Asia.


A principios de este año, después de Reyes, decidí matricularme en un master de especialización en Lengua y cultura japonesa  que se impartía en el departamento de Lenguas Extranjeras de Tokio. Lo necesito para  impartir unos cursos universitarios en Málaga, donde resido desde hace 7 años, como sabes. ¿Pensaste alguna vez cómo me irían las cosas, amor? ¿Imaginaste algún día que llegaría a ser  tu alumna? Y después, cuando nos vimos allí, entre otros traductores extranjeros.  En realidad, no necesito escucharte para saber qué pensaste; me basta recordar tu cara, entre sorprendida y asustada, y la emoción contenida con que te acercaste a saludarme al final de la primera clase. Sabes, cielo, sigues siendo igual que entonces: educado, temeroso de ofender en algo, con esa cortesía nostálgica que enmascara un dolor profundo, en disonancia con el mundo. ¡Aún recuerdo lo crueles que fueron contigo los de la empresa de traductores! No te renovaron un contrato ganado con talento, esfuerzo y lealtad durante años. Te hicieron un mobbing para que no ascendieses a presidente de la sede de Lengua Japonesa en una de las empresas internacionales  de traducción más importantes . Y con su desprecio perdimos más que tu trabajo. Porque yo sí seguí trabajando para ellos 5 años más. Los justos para terminar mi doctorado. Los justos para que las circunstancias nos obligaran a separarnos para siempre...hasta hace dos semanas. Cuando lo pienso, veo claramente que la ola de Hokusai, con su fuerza y su rabia, nos ha vuelto a unir, en un intento de satisfacer la justicia poética de la que el marino de Mishima no pudo gozar. Pero nosotros, sí.


Lirios (Katsushika)
¿Te acordaste de comprarme el DVD de la película Puente al sol? Yo nunca la conseguí, ¡y mira que la he buscado en los centros comerciales de EEUU! A mi madre le encantaba esa película, y siempre bromeé con ella diciéndole que también yo encontraría a mi Terasaki y que escribiría un libro sobre nuestra historia de amor, como hizo la norteamericana Gwen casándose con su diplomático japonés poco antes del ataque a Pearl Harbour. Por suerte nuestros países de origen no están en guerra, aunque después de romper no volví a releer la novela. Me recordaba demasiado lo que no pudimos tener. Pero no quiero ponerme triste.  Ya hemos sufrido demasiado, y siempre por culpa de otros. Mi amor, no sabes cuántas ganas tengo de volverte a abrazar, a besar, de sentir tu respiración y tus susurros en mi oído. Sólo cuando nos miramos a los ojos en el jardín de lirios del templo de Meiji Jingu, tras la primera ronda de exámenes, comprendí hasta qué punto no había podido olvidarte. Tu mirada profunda, oscura, tranquila, se volvió inmensa irradiando calor y pasión mientras pasabas tus brazos por mi cintura, después de tantos años... Y cuando volvimos a hacer el amor, me quemabas tanto... era tan fácil dejarse llevar por ese incendio luminoso invisible que me arrastraba hasta ti, que me permitía volver a ser quien soy, quien siempre quise ser, por fin. No quiero volver a perderte, ya no podría soportarlo más. Te quiero, mi amor, te quiero. Y siempre te querré.


Cariño, termina pronto tu trabajo en Berlín, la distancia se me hace insufrible. Yo ya tengo mis billetes para viajar a Japón en Semana Santa, y he hecho las reservas para 10 días de hotel, en el Keio Plaza. Me encanta ese hotel, con sus habitaciones a más de 20 pisos de altura, sus vistas de Tokio iluminado durante la noche. !Mmmm, y echo de menos pasear por los jardines Shinjuku, con sus puentecitos, sus caminos ondulantes y sus árboles japoneses!  No sé cómo, tesoro, pero buscaremos la manera de estar juntos.

Tengo que despedirme, mi amor, el trabajo nunca espera. Te quiero.
  
                                                   Irene

La gran ola en Kanagawa. (Hokusai)

domingo, 13 de marzo de 2011

Delicia derramada.

(Clickar en Chinese Music II, por favor)

Con avaricia,
el atardecer gana espacio al sol.
Pero sus rayos aún ansían
                             la risa de la flor,
                                         cuyos pétalos,
                                                            al abrirse,
la desnudan sin pudor.
Entonces,
             la brisa ondula caricias
             y a su alrededor baila el sol,
luminoso,
             encendido,
                             derramando
                                           la sal azul del amor.                
Y ella, al sentirse observada,
baja la mirada,                                                                                                 
                 esquiva,
                        ruborizada,
                                      traviesa,
                                               avergonzada,         

http://fotografiadanielalonso.blogspot.com/
                                          sabedora                                      
de que toda la luz de este mundo
se
   esconde                                                                                  
                    entre
                            sus
                                 pétalos
                                           cerrados.
Y, en un susurro azul, promete:
"Mañana, otra vez."
Mientras, el cielo es testigo
de este amor.
Durante la noche, el sol y la flor
sueñan a escondidas
la melodía del ruiseñor.
El cielo azul es su cómplice
protector.




domingo, 27 de febrero de 2011

¡Oh, Jerusalén!


Ven a mí, Jerusalén, envuélveme con tu luz. Te he esperado tanto tiempo. Ciudad soñada. Me acercaré a ti desnuda, sin más ropajes que la fe. Caminaré entre tus gentes, sabiendo que vuelvo a casa. Pero vísteme de ti. Cúbreme de sedas, cíñeme con oros, cálzame con flores. Perfumes, joyas y manjares celebrarán nuestro reencuentro. Abrázame fuerte. Acaríciame. Bésame. Tengo sed. Abre las puertas del palacio de cristal. Deja que la arena del desierto entre. ¡Mmmmmmm! Huelo a tierra caliente. A pan recién hecho. Siento tu aliento acercándose. No, no te pares. Eres todo para mí. No tengo miedo. Mañana no existe. Ayer ya pasó. Ahora estás junto a mí ... La brisa agita las nubes, juguetea con los velos, revuelve mi pelo. Sí. Eres tú. Atrás quedó la angustia. Y el sol gira alrededor nuestro. Su luz cálida llena de color las estancias. Has venido a buscarme. Soy feliz. Es mi hora. Entra por las ventanas el olor de las rosas del jardín, y de los jazmines,.. y de la albahaca... Quema el amor, pero su luz tan blanca me calma. Dulce abandono. El ruiseñor canta. Oigo la música del piano, melodías irisadas. Siento el viento sobre mi piel, aplacando mi llama, tu voz susurrándome al oído: "Ya siempre juntos, hasta la eternidad." ..................................................Dormir. Vivir. Dormir. Vivir. Dormir. Dormir. Dormir. Dormir.........................................................................................................
Jerusalén ha entrado en mí. El tiempo pactado llegó. Cumplió su alianza.


sábado, 26 de febrero de 2011

El adiós.

Mirando hacia atrás sin ira,
hoy puedo recordar
todas las horas que te di,
todos los días que compartí,
todos los años que malgasté
con tu  desprecio.                    
                                                             
Mirando hacia atrás sin ira,
hoy puedo afirmar
que las personas valen por sus silencios,
que tus palabras nunca me ofendieron,
y que fui yo quien me herí.
Me herí al darte mi tiempo.

¡Qué absurdo!                                                                 

Y hoy has muerto.
Hoy has muerto y, contigo,
muere tu desprecio,
tu ingratitud
sin afecto.
Infinito
es demasiado tiempo.
Pero infinito es el amor
y mi silencio.
Horas, días, años.
¿Cuánto amor es eso?
¿Cómo se mide el tiempo?
Yo lloro por la amiga que se ha muerto,
y en el vacío de tu nombre,
mi dolor se hace eterno
..........................................

Nada.
No queda de ti nada.
Ni quedan buenos recuerdos.
Tu herencia es el borrador
de un mal sueño.
Sonata inacabada
de un mal proyecto.
Retrato
que borra el tiempo.



jueves, 20 de enero de 2011

Niños del desierto

El sol se desangra
sobre el palacio de arena.
Rojos anaranjados,
brillantes mostazas,
malvas,
morados
tiñen de sangre el marfil.




Ante el palacio, dos puertas,
dos guardianes,
atentos, alertas
al lamento de los niños
robados al atardecer;
al lamento de las madres,
que saben,
que nunca los volverán a ver.



Ya nadie escucha el estrudendo del enemigo,
ya nadie consuela a las víctimas desgraciadas,
ya nadie siente ningún otro dolor
más que el suyo de hoy,
más que el suyo de mañana.
Y aún así, y porque es así,
volverán a oírse una vez más
las voces de las madres,
los gritos de sus hijos.
Y de ellos sólo quedará mañana,
como sólo queda hoy de ayer,
el rugido del viento
que recuerda en el desierto
el futuro que hubo antes
de que la brisa ondulara
ante los colosos de Memnón.

sábado, 8 de enero de 2011

Versos en blanco.

Escribo y corrijo cada verso.
Pienso y medito cada palabra.
Escucho su melodía, su ritmo.
Verso, palabra, melodía, ritmo.
¿Qué son?
¿Para qué sirven?                        
                                       
Cuentan y ocultan,
revelan y enmascaran
un mundo,
una vida,
una verdad.

Ojos para leer: cegadme con las palabras.
Oídos para escuchar: ensordecedme  con  su melodía.
Bocas para hablar: callad, callad.
Y que alguien guarde mi corazón
en el cofre de cristal
porque yo no existo ya.

sábado, 1 de enero de 2011

Nada.


Cae la noche sobre el cristal.
La luz se ha apagado ya.
Todo es negro, y su profundidad
devora y diluye con fauce animal
el reflejo en el cristal
de la luz de la mañana,
del azul del despertar.
Silencio.
Oscuridad.
No hay nadie.
La vida ha quedado atrás.